sábado, 29 de agosto de 2009

En la intimidad de la noche


A mitad de la noche me despierto. El silencio reina y sólo lo interrumpe el refrescante ronroneo del aire acondicionado. En la penumbra, adivino la silueta de la polla de mi compañero de cama, rígida y palpitante bajo sus piyamas.

Con sigilo, me escurro hacia su entrepierna, descubro su polla y comienzo a chuparla. La lamo y la succiono disfrutando con fruición el fugaz instante de latrocinio sexual. Mi compañero de cama se despierta y acaricia mi cabeza mientras yo sigo chupando unos minutos más. Luego, el sueño nos vence de nuevo.

Casi amaneciendo llega el momento de la revancha. Esto no lo sé con certeza, pero entre lo nebuloso de mis sueños me parece recordar. Mi compañero de cama se ha escurrido hasta mi bulto y aprovechando la absoluta inconsciencia e indefensión de mi estado onírico, descubre mi polla para saborear su pulsante, gruesa y firme presencia. Comienza a lamerme, las venas del prepucio se me brotan aún más. Él se traga mi verga entera y yo sueño que estoy en siete paraísos.

Al amanecer, dos cuerpos tibios sobre la misma cama se entrelazan, cada uno con su cabeza reposada en la ingle del otro. La noche ha sido fantástica y sólo se oye el ronroneo refrescante del aire acondicionado.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Mamando


En el extraño país, estar mamando es estar sin recursos económicos, estar pasando penurias y necesidades.

Ayer, como hacía mucho calor, salí tarde a pasear a Liv, como a eso de las 9 de la tarde (porque en España, en verano, a las 9 todavía es la tarde, apenas comienza a anochecer). Nosotros paseamos por un descampado que está en los límites entre la zona urbanizada del pueblo de Lagartera y unas pequeñas finquitas donde hay caballos, burros y otros animalitos. En ese descampado hay varios grupos de árboles y algunos zarzales y entre el pastizal se distingue el trazado de sendas por donde los visitantes pasan.

Por una de esas sendas iba yo con mi perra cuando me di cuenta que, a unos pocos metros, había una pareja de chicos teniendo sexo oral. Eran pequeños: el mayor de unos trece o catorce años, blanco y rubio, y el menor no tendría más de once y pinta de sudamericano. Al ver que yo me acercaba, los chicos se aterrorizaron y salieron huyendo alejándose de mí.

¡Dios mío, la he cagao! Lo último que hubiera querido era arruinarles la tarde a los pequeñines. Ya sabéis que yo pienso que el derecho al sexo para los adolescentes debería estar amparado por la ley. ¿Cómo pedirles disculpas por la interrupción? ¿Cómo decirles que no hay problema con lo que hacían, que todo está bien y que es maravilloso que dos muchachos puedan darse placer uno al otro?

Lo que me parece mal es que estos pequeños estuvieran en una situación tan precaria, teniendo sexo oral en un campo, metidos entre arbustos, expuestos a miradas indiscretas y a la incomodidad de la intemperie, la tierra, las hierbas y los insectos. Me alegré por ellos y a la vez sentí pena.

Nunca mejor dicho, los pobrecillos estaban mamando.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Dormido

Ahí está mi pequeñín, dormido en nuestra cama. Un mes sin verlo lo ha puesto —si se puede— más guapo. ¡Duerme tan plácidamente y tan tranquilo! Me acuesto a su lado y automáticamente cuelga su brazo sobre mi pecho y yo me acomodo para mirarlo. Su pierna, calentita con el calor del sueño adeudado a las muchas horas de viaje, se cuela entre mis piernas y quedamos engazados de brazos y piernas con ese enganche perfecto de cuerpo y alma.

Acaricio su cabecita. Al pasar la mano por su pelo, brilla una cana al contraluz. Lo beso en la frente y le susurro que lo amo. Atrás, la tele canturrea el jingle de una serie animada de comedia. Dos escenas graciosas, me río y mi bebito se mueve intranquilo. Lo aprieto contra mí y sigo mirando la tele.

—¿Ya tienes hambre, mi cielo?— La hora del almuerzo nos pasó por el frente sin mirarnos como viajera de un tren atravesando una estación sin parada. El bebito no responde. Lo beso de nuevo antes de levantarme.

¡Ahí está mi pequeñín, dormido en nuestra cama!

domingo, 2 de agosto de 2009

De guiri por la CAM

El sábado antepasado llegaron del extraño país dos viejos amigos radioaficionados de vacaciones a España. Esa semana, desde el antepasado hasta el pasado sábado la dedicaron a Madrid, y tratándose de dos buenos y queridos amigos y aprovechando que la ausencia de la Ardilla me deja sin poco más que hacer que limpiar la casa y sacar a pasear a 54, me llevé a mis amigos, Román y Dolores de paseo por El Escorial y Alcalá de Henares.



La visita al San Lorenzo del Escorial obliga al recorrido por la tumba de los reyes de España. Allí están supultados:

Rey o ReinaConsorte
Luis ILuisa de Orelans
Carlos IIIMaría Amalia de Sajonia
Carlos IVMaria Luisa de Parma
Fernando VIIIsabel de Portugal
Isabel IIFrancisco de Asísi de Borbón
Alfonso XIIMaría Cristina de Habsburgo-Lorena
Alfonso XIIIVictoria Eugenia de Battenberg

También están sepultados, en el pudridero, Juan de Borbón, conde de Barcelona y María de las Mercedes de Borbón y Orleans, padres del actual Rey de España, y no se sabe a ciencia cierta si irán al panteón de Reyes o al panteón de Infantes.

Una semana después del paseo por San Lorenzo de El Escorial nos fuimos a Alcalá de Henares. Además de ser posiblemente la ciudad-dormitorio de Madrid más importante por población, es un lugar lleno de historia y de Cerbantes (sic). Sí, cerbantes por todas partes: en museos, en iglesias, farmacias, bares ¡Y hasta una mercería!



Visitamos la Casa de Cerbantes, el museo de Arqueología y varias iglesias y monasterios de la zona. Quisimos visitar el Casa de Hippolitus pero no dimos con la dirección, que no estaba bien indicada en el mapa que nos dieron en la oficina de turismo y tampoco aparecía en los PDI del GPS.

Les dejo con esta foto de la estatua del Manco de Lepanto, que como podéis ver si visitáis Alcalá de Henarse, fue tomada antes de la batalla que le dió su nombre, porque su mano izquierda aún estaba en el lugar que le corresponde, colgando de su brazo.