Hubo un Alan en mi vida, pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar muy brevemente de Alan Turing, un hombre que salvó al mundo de los nazis y que después de su heróica contribución a la libertad y al establecimiento del mundo tal como hoy lo conocemos, fue humillado y vilipendiado por una sarta de viejas pacatas y hombres sin cojones.Alan era gay. Más que eso, Alan era un mariconazo de pura cepa y lo pagó muy caro. Perseguido por el victorianismo británico del siglo pasado, acorralado y humillado por la estúpida falsa moral, puesto en prisión por actos homosexuales, Alan se quitó la vida a los 42 años.
Hoy el Primer Ministro Brown pidió perdón a Alan en nombre de los británicos. Yo, 55 años después de su muerte, capaz como soy de encarnar su dolor y su angustia, su tristeza y su desesperación, con la mano en el pecho les digo: ¡QUE LES DEN, MALDITOS HIJOS DE PUTA! ¡A lo mejor en cien años puede que encuentren perdón!