miércoles, 29 de julio de 2009

Fe de errata


Hace un tiempo dije en un post que me parecía que los chavales españoles son menos abiertos a plantearse una relación afectivo-sexual con alguien mayor.

Quiero desdecirme y corregir mi error. ¡Chavales, sois unos guarretes, jajajajaja! Me halagan mucho las cosas que me habéis dicho, me habéis hecho sentir atractivo y machote y me habéis sacado del estado melancólico en que andaba, pero chavales, un respeto que estoy casado, jajajaja.

En fin, lo dicho. Nada de nada, que sois igual de echaos pa'lante que los chavales extrañopaisanos.

* * *


Nota bene: este post está expresamente dirigido a ciertas personitas que leen este blog. A los demás, los dejo con la intriga, jajajaja

jueves, 23 de julio de 2009

No tengo ganas


No tengo ganas de escribir.

Os juro que tengo tres posts empezados y no acabo ninguno. ¡Pero ahí vamos! No me dan ganas de escribir y no me dan ganas de hacer nada.

Como ya algunos sabéis, Ardilla está de viaje visitando a la madre que lo parió. Esto lo digo sin sentido peyorativo, simplemente se trata de su madre y en efecto, lo parió con su llanto y sus pujos.

Ardilla necesita a su madre. Yo necesito a la mía. La mía, mi mamita vieja, se murió hace dos años y yo la sigo soñando a ella en su lecho de muerte, viéndola morirse como se apaga una vela con el dolor y la impotencia del que no puede hacer nada. Así la vi morir y después que se murió no boté ni una sola lágrima. Me paré del sofá, le agarré la mano y le dije "mamita, te quiero" por última vez. Salí de la casa y fui a buscar al médico para que certificara la defunción. Pasé por la funeraria para avisar que ya podían venir, llamé al seguro y averigüé sobre el papeleo. Recogí a mi primo y fuimos a escoger el ataud. Regresé a casa, me bañé, me cambié de ropa y me fui a la funeraria otra vez. Cuando llegué mi mamita ya estaba puesta en la capilla velatoria. Entré al privado y ahí sí lloré... lloré mares y me ahogué en el llanto.

Me queda la otra, la que me parió, la que hace siete meses que no veo.

Aquí estoy, encerrado entre estas cuatro paredes. Hace calor y yo tengo el alma helada. Todos los que amo están lejos. Lleno mi tristeza y mi soledad con las desazones de los amigos de aquí y de los de allá. Me hago el fuerte y aparento que todo está de puta madre. Me invento problemas propios y ajenos para ocupar la mente, pero la verdad es que ando desolado.

Tengo el pecho lleno de suspiros y los voy dejando en la calle. Son tantos que se me salen solos y se van cayendo al piso como hojitas en otoño. Miro hacia atrás y veo la estela... cualquiera los ve, los reconoce y dice: ¡Mira, por ahí pasó el osito con esa carga de penas!

Ya. ¿Lo véis? Me hace falta un abrazo.

martes, 14 de julio de 2009

Todos

Todos vosotros, queridos lectores, desde el más hogareño al más fiestero, desde el más puto hasta el más fiel, desde el más niño hasta el más viejo, el santo y el santero, el diablo y el diablero, el cazador y el oso, el lampiño y el peludo, el alto y el pequeño y el que tiene la gran polla y el que la tiene chica, el que le gusta follar y el que quiere que lo follen, el que mama y el que la pone para ser mamado, el que desea, el que ansía, el que añora y el que ama, y tú, y yo también mi querido lector. Todos buscamos una sola cosa:

Llenar los huecos del alma con la seguridad de que existimos para alguien en algún lugar del mundo.

domingo, 12 de julio de 2009

VI Aniversario


¡Seis años!

¿Cómo llegan dos hombres a amarse como para querer estar juntos seis años? Para mí es un misterio y siempre lo será, pero lo cierto es que todavía Ardilla y yo nos amamos con la fuerza, la ternura y la pasión que hacen falta para que dos personas quieran estar y seguir juntas.

Os voy a contar cómo pasó todo...

La historia comenzó hace seis años y pocos días, en mi trigésimo segundo cumpleaños. Como es costumbre en los cumpleaños, me sentía melancólico y además estaba lastimado sentimentalmente por la ruptura de una relación que había venido de mal en peor desde hacía varios meses.

Al comenzar la tarde extrañopaisana (que comienza a las 12 y no a las 3 como aquí en España) y poco después de comer, me senté en el computador a leer mis correos y recibir algunos saludos por el messenger y como no tenía mucho más que hacer entré a una conocida sala de chat gay del extraño país y comencé a recorrer la lista, abriendo privados a todos los que entraran en mi target: varones entre 17 y 22 años que no tuvieran en su perfil de chat cosas como "sexo ya" o "abstenerse locas, viejos y gordos".

Entre los primeros de la lista había uno que tenía el nick "Tiësto 17". Ardilla insiste en que lo que decía era "Tiësto 87" y no 17 y un cálculo rápido mental (que a mi se me dan bien) lo hubiera descartado por tener 15 años, pero el caso es que comencé a hablar con ese chiquillo y apenas cruzadas tres palabras me pareció lo más simpático del mundo, alegre, atrevido (sin llegar a ser vulgar) y lleno de vitalidad.

Nos dimos nuestros ids de messenger y continuamos la conversación por ese medio. Ardilla era un chiquillo de Caracas, estudiante de secundaria, que había tomado clases de guitarra, le gustaba la música electrónica y leer sobre cosas que involucraran misterio, fantasmas y ovnis (pero no ciencia-ficción, porque le parecía demasiado mojonera —mentirosa, llena de falsedades—).

La conversación se interrumpió porque los dos tuvimos que salir por un rato de casa. Yo estaba de vacaciones pasando unos días con mis padres en la Valencia con Cara de bobo, la extrañopaisana, que es distinta y no tiene que ver con la otra, la Valencia de las fallas, excepto por esa costumbre de vosotros, los españoles de origen, de ponerle a todo pueblo que fundáis los mismos nombres una y otra vez. Así pues, hay unas tres Valencias, cuatro Méridas, cuatro Trujillos, dos Barcelonas y dos Guadalajaras dispersas por distintos países, por no hablar de la profusión de Alcalás, Oropesas, Talaveras y Villanuevas que hay regadas por la geografía peninsular.

Al regresar de nuestras respectivas misiones retomamos la conversación e intercambiamos fotos. ¡Dios! ¡El niño era hermoso! La foto era en una playa extrañopaisana llena de gente, y en el primer plano estaba aquel chiquillo de piernas largas y bonitas, delgado y carilindo y obviamente de menos de 17 años. Entonces le pregunté su edad y me dijo que tenía 15. El tema de su edad fue recurrente entre nosotros durante los primeros meses porque también, cuando nos vimos en persona, me pareció más joven.

Esa es una característica suya: parecía, parece y parecerá más peque de lo que es porque su cara linda de rasgos aniñados, escasa barba y su carencia casi total de vello en los brazos y el pecho hacen que luzca como un pequeñín de 15.

Entre Ardilla y yo hubo una conexión muy especial desde el primer momento. Yo encontré en aquel quinceañero la persona llena de risas y vida que deseaba para ponerle color a mis treinta y dos años, con el arrojo y el atrevimiento que quería para dejarme vivir a esa edad un montón de cosas que no viví en su momento. Él encontraba el hombre sensato que le ponía cabeza a sus locuras y lo hacía sentir seguro.

Después de chatear dos días con ese pequeñín decidí adelantar mi regreso a Caracas para conocerlo en persona y así lo hicimos. Un nueve de julio, al comienzo de la noche, nos encontramos en un centro comercial caraqueño. Yo llegué primero. El lugar estaba casi vacío pero cuando lo vi llegar tuve dudas: se veía más pequeño que en la foto y de piel más oscura.

Estuvo rondando sin atreverse a hablarme hasta que yo me acerqué a él y le dije: "Perdona, ¿Tú eres Ardilla?". ¡Sí que lo era! (En ese momento aún no le había puesto el nombre de Ardilla, pero lo llamo así por razones demostrativas). Nos quedamos hablando por el centro comercial. No fue una conversación muy larga, era tarde para que un chico de 15 años estuviera solo en una ciudad tan peligrosa como Caracas. Me ofrecí a llevarlo a su casa, cosa que rechazó alegando que vivía cerca. Y en realidad vivía cerca, pero para llegar tenía que atravesar una zona de antros y discotecas —donde, por cierto, iríamos algunas veces ya como pareja unos meses después— y una calle de putas, y no es que Ardilla viviera en mala zona, sino que Caracas es así, llena de contradicciones y cosas absurdas, como esa: que una de las sinagogas más importantes de la ciudad esté a tres calles de los sitios de alterne y que uno de los barrios más pobres y con mayor delincuencia esté enclavado dentro de la zona de más alcurnia.

Salí del sitio aun más melancólico y convencido de que aquel chiquillo hermoso, delgado y de largas piernas nunca se fijaría en un oso maduro y un poco pasado de peso como yo. Los niños bellos se comen entre ellos, pensaba, pero estaba equivocado. A algunos niños bellos les gustan los osos y buscan alguien que los saque de la frivolidad trivial de la adolescencia, los estimule intelectualmente y los haga sentir seguros y tranquilos. Este fue uno de los descubrimientos más importantes de mi vida y marcó un antes y después. Otro día, os prometo, haré un post sobre este tema.

Después de dejar a Ardilla y camino a casa en mi coche cogí el móvil y lo llamé para agradecerle el encuentro y decirle que había quedado encantado de conocerlo. Seguimos hablando hasta que llegué a casa y quedamos para vernos al día siguiente.

Los hechos que ocurrieron a continuación fueron tan rápidos y vertiginosos que ni siquiera mi buena memoria es capaz de ponerlos en orden. Ardilla me presentó a sus amigos en el mismo Centro Comercial donde nos encontramos por primera vez. Estuvimos paseando varias horas por el Parque del Este, que es como el Parque del Retiro de Caracas pero más pequeño y con menos infraestructura. Ardilla rompió con su novio. Fuimos a mi casa y viendo una peli le di besitos en el cuello y le dije que me gustaba. Fuimos otra vez al Parque del Este. Salimos otra vez con sus amigos. Ardilla me pidió —por mensaje de texto— que fuera su novio. Yo tuve dudas. Más que dudas, viví un infierno personal debatiéndome entre lo mucho que me gustaba el niñito ése y el saber que era un niñito, casi diecisiete años menor que yo y aquello, además de imposible, efímero y potencialmente doloroso, me parecía un poco peligroso desde el punto de vista legal.

En medio de ese infierno le confesé mis dudas y le pedí que me dejara reflexionarlo. Estuvimos hablando todo el día, caminando por el parque, tratando yo de justificar mi decisión y de contarle mis vivencias a manera de explicación; y después de escuchar todos esos argumentos —no él sino yo— quedé convencido de que eran sinsentidos y estupideces y le dije que sí, que quería que fuéramos pareja. Eso fue un doce de julio al final de la tarde, tres días después de haberlo conocido en persona y seis días después de haber cruzado la primera palabra con él.



Mi pequeña Ardilla, han sido seis años hermosos. Con sus altas y sus bajas, con tus arranques y tu mal genio, con mi intolerancia y mis prepotencias, con todas las cosas buenas y malas, no existe nada más bello que tener tu cabecita en mi pecho y acariciarte en ese estado de paz que tenemos cuando estás entre mis brazos.

Como cada aniversario, en tu gaveta está, ya firmado, el contrato de amarnos, a partir de esta fecha, por un período igual al cumplido.

¡Te amo!

sábado, 4 de julio de 2009

Ständchen


Suavemente imploran mis canciones
a ti, a través de la noche;
abajo, en la tranquila arboleda,
¡Amado, ven a mi lado!

Murmurantes, esbeltas copas susurran
a la luz de la luna,
el acecho hostil del traidor.
No temas, tú, amado.

¿Oyes gorjear a los ruiseñores?
¡Ay! Ellos te imploran,
con el sonido de dulces quejas,
imploran por mí.

Comprenden el anhelo del pecho,
conocen el dolor del amor,
conmueven con los argentinos sonidos
a todo tierno corazón.

Deja también conmoverse tu pecho,
amado, escúchame;
¡Trémulo aguardo el encuentro!
¡Ven, hazme feliz!




Fiesta en Chueca

En estos días se han estado celebrando en Chueca las fiestas del Orgullo Gay. Este año —a pesar que el año pasado dije que no volvería a Chueca en fiestas— acepté una invitación de Alex para juntarnos con él, Jorge y su novio.

Nos encontramos en el McDonalds de Gran Vía y de allí nos fuimos a caminar por las calles de Chueca, llenas de gente de todos tipos, tamaños, colores y sabores.

Estuvimos hablando con Jorge, conociéndolo, atisbando a través de sus historias y sus comentarios el ser real detrás del ente virtual que es el blogger. Jorge, en persona, es mucho menos borde de lo que uno imaginaría leyendo sus comentarios en los blogs. Su novio es un tipo muy simpático y conversador, de esos que te cuentan un millón de cosas en veinte segundos.

Como todos los años, en la plaza de Chueca había más gente de la que cabe, pero no sólo en la plaza, no. Todo el barrio estaba atestado de gente. Una cosa que odio son las aglomeraciones de gente. Me gusta tener mi metro cuadrado de espacio vital y sobre todo me gusta tener aire medianamente respirable. Odio el cigarrillo, me pone de mal humor, me incomoda, me asfixia. Estar rodeado de veinte mil fumadores me irrita, además de lo sucio que me siento cuando mi ropa apesta a tabaco, y no sólo tabaco porque anoche en Chueca, además de tabaco, se fumó bastante hierba.



Este año no llevé mi cámara así que no pude tomar las tradicionales fotografías: la bandera arcoiris ondeando, gente disfrazada y tipos meando en la calle. Alex sí que llevó su cámara, así que en su post de hoy podréis ver cómo estaba la movida.

La fiesta en Chueca ya no tiene ninguna novedad para mi. El Europride, hace 2 años, fue mucho más impactante. Era mi primera parada de orgullo y además movilizó a mucha gente de otras partes. Vi escenas muy lindas, como familias acompañando a sus pequeños gays en una demostración de que los padres y hermanos también tienen derecho a estar orgullosos y de que la homosexualidad es un hecho normal, incluso en un jovencito de trece años.

Esto lo digo porque muchas veces oigo que gente de mente supuestamente progre dice "lo que hagan dos adultos en su intimidad es su problema, pero un adolescente es otra cosa distinta". A la gente se le olvida que tuvo una niñez y una adolescencia y que los niños y adolescentes de hoy tienen los mismos conflictos, inquietudes, miedos y anhelos que tuvimos nosotros en su día. Como siempre digo: ¡Tienen derecho a ser felices, incluso si eso significa que sus deseos, anhelos y los objetos de su amor resulten una transgresión para las personas adultas! El ejercicio de la sexualidad de los adolescentes debería ser un derecho consagrado en la ley.

Este año no he visto sino lo visto: mucha gente, la bandera gay ondeando, tipos meando y gente disfrazada; además de uno que otro niño hermoso de esos que se miran y se olvida, porque, queridos lectores, también llega un momento en la vida en que la belleza física pierde su persistencia en la memoria y deja de atormentar como atormentaba cuando encendía los fuegos de la pubertad.

Besos,


~ El Oso ~

viernes, 3 de julio de 2009

Breves (1)

Paseo a la perra por el parque de Lagartera. Hay unos chicos, un grupo de cuatro o cinco, jugando con agua. Están empapados. Uno de ellos me mira y manosea los globos de agua. ¿Querrá mojarme? ¡Niño, ya quisiera yo tener quince años para ponerme a mojar contigo!