
¡Seis años!
¿Cómo llegan dos hombres a amarse como para querer estar juntos seis años? Para mí es un misterio y siempre lo será, pero lo cierto es que todavía Ardilla y yo nos amamos con la fuerza, la ternura y la pasión que hacen falta para que dos personas quieran estar y seguir juntas.
Os voy a contar cómo pasó todo...
La historia comenzó hace seis años y pocos días, en mi trigésimo segundo cumpleaños. Como es costumbre en los cumpleaños, me sentía melancólico y además estaba lastimado sentimentalmente por la ruptura de una relación que había venido de mal en peor desde hacía varios meses.
Al comenzar la tarde extrañopaisana (que comienza a las 12 y no a las 3 como aquí en España) y poco después de comer, me senté en el computador a leer mis correos y recibir algunos saludos por el messenger y como no tenía mucho más que hacer entré a una conocida sala de chat gay del extraño país y comencé a recorrer la lista, abriendo privados a todos los que entraran en mi target: varones entre 17 y 22 años que no tuvieran en su perfil de chat cosas como "sexo ya" o "abstenerse locas, viejos y gordos".
Entre los primeros de la lista había uno que tenía el nick "Tiësto 17". Ardilla insiste en que lo que decía era "Tiësto 87" y no 17 y un cálculo rápido mental (que a mi se me dan bien) lo hubiera descartado por tener 15 años, pero el caso es que comencé a hablar con ese chiquillo y apenas cruzadas tres palabras me pareció lo más simpático del mundo, alegre, atrevido (sin llegar a ser vulgar) y lleno de vitalidad.
Nos dimos nuestros ids de messenger y continuamos la conversación por ese medio. Ardilla era un chiquillo de Caracas, estudiante de secundaria, que había tomado clases de guitarra, le gustaba la música electrónica y leer sobre cosas que involucraran misterio, fantasmas y ovnis (pero no ciencia-ficción, porque le parecía demasiado mojonera —mentirosa, llena de falsedades—).
La conversación se interrumpió porque los dos tuvimos que salir por un rato de casa. Yo estaba de vacaciones pasando unos días con mis padres en la Valencia con Cara de bobo, la extrañopaisana, que es distinta y no tiene que ver con la otra, la Valencia de las fallas, excepto por esa costumbre de vosotros, los españoles de origen, de ponerle a todo pueblo que fundáis los mismos nombres una y otra vez. Así pues, hay unas tres Valencias, cuatro Méridas, cuatro Trujillos, dos Barcelonas y dos Guadalajaras dispersas por distintos países, por no hablar de la profusión de Alcalás, Oropesas, Talaveras y Villanuevas que hay regadas por la geografía peninsular.
Al regresar de nuestras respectivas misiones retomamos la conversación e intercambiamos fotos. ¡Dios! ¡El niño era hermoso! La foto era en una playa extrañopaisana llena de gente, y en el primer plano estaba aquel chiquillo de piernas largas y bonitas, delgado y carilindo y obviamente de menos de 17 años. Entonces le pregunté su edad y me dijo que tenía 15. El tema de su edad fue recurrente entre nosotros durante los primeros meses porque también, cuando nos vimos en persona, me pareció más joven.
Esa es una característica suya: parecía, parece y parecerá más peque de lo que es porque su cara linda de rasgos aniñados, escasa barba y su carencia casi total de vello en los brazos y el pecho hacen que luzca como un pequeñín de 15.
Entre Ardilla y yo hubo una conexión muy especial desde el primer momento. Yo encontré en aquel quinceañero la persona llena de risas y vida que deseaba para ponerle color a mis treinta y dos años, con el arrojo y el atrevimiento que quería para dejarme vivir a esa edad un montón de cosas que no viví en su momento. Él encontraba el hombre sensato que le ponía cabeza a sus locuras y lo hacía sentir seguro.
Después de chatear dos días con ese pequeñín decidí adelantar mi regreso a Caracas para conocerlo en persona y así lo hicimos. Un nueve de julio, al comienzo de la noche, nos encontramos en un centro comercial caraqueño. Yo llegué primero. El lugar estaba casi vacío pero cuando lo vi llegar tuve dudas: se veía más pequeño que en la foto y de piel más oscura.
Estuvo rondando sin atreverse a hablarme hasta que yo me acerqué a él y le dije: "Perdona, ¿Tú eres Ardilla?". ¡Sí que lo era! (En ese momento aún no le había puesto el nombre de Ardilla, pero lo llamo así por razones demostrativas). Nos quedamos hablando por el centro comercial. No fue una conversación muy larga, era tarde para que un chico de 15 años estuviera solo en una ciudad tan peligrosa como Caracas. Me ofrecí a llevarlo a su casa, cosa que rechazó alegando que vivía cerca. Y en realidad vivía cerca, pero para llegar tenía que atravesar una zona de antros y discotecas —donde, por cierto, iríamos algunas veces ya como pareja unos meses después— y una calle de putas, y no es que Ardilla viviera en mala zona, sino que Caracas es así, llena de contradicciones y cosas absurdas, como esa: que una de las sinagogas más importantes de la ciudad esté a tres calles de los sitios de alterne y que uno de los barrios más pobres y con mayor delincuencia esté enclavado dentro de la zona de más alcurnia.
Salí del sitio aun más melancólico y convencido de que aquel chiquillo hermoso, delgado y de largas piernas nunca se fijaría en un oso maduro y un poco pasado de peso como yo. Los niños bellos se comen entre ellos, pensaba, pero estaba equivocado. A algunos niños bellos les gustan los osos y buscan alguien que los saque de la frivolidad trivial de la adolescencia, los estimule intelectualmente y los haga sentir seguros y tranquilos. Este fue uno de los descubrimientos más importantes de mi vida y marcó un antes y después. Otro día, os prometo, haré un post sobre este tema.
Después de dejar a Ardilla y camino a casa en mi coche cogí el móvil y lo llamé para agradecerle el encuentro y decirle que había quedado encantado de conocerlo. Seguimos hablando hasta que llegué a casa y quedamos para vernos al día siguiente.
Los hechos que ocurrieron a continuación fueron tan rápidos y vertiginosos que ni siquiera mi buena memoria es capaz de ponerlos en orden. Ardilla me presentó a sus amigos en el mismo Centro Comercial donde nos encontramos por primera vez. Estuvimos paseando varias horas por el Parque del Este, que es como el Parque del Retiro de Caracas pero más pequeño y con menos infraestructura. Ardilla rompió con su novio. Fuimos a mi casa y viendo una peli le di besitos en el cuello y le dije que me gustaba. Fuimos otra vez al Parque del Este. Salimos otra vez con sus amigos. Ardilla me pidió —por mensaje de texto— que fuera su novio. Yo tuve dudas. Más que dudas, viví un infierno personal debatiéndome entre lo mucho que me gustaba el niñito ése y el saber que era un niñito, casi diecisiete años menor que yo y aquello, además de imposible, efímero y potencialmente doloroso, me parecía un poco peligroso desde el punto de vista legal.
En medio de ese infierno le confesé mis dudas y le pedí que me dejara reflexionarlo. Estuvimos hablando todo el día, caminando por el parque, tratando yo de justificar mi decisión y de contarle mis vivencias a manera de explicación; y después de escuchar todos esos argumentos —no él sino yo— quedé convencido de que eran sinsentidos y estupideces y le dije que sí, que quería que fuéramos pareja. Eso fue un doce de julio al final de la tarde, tres días después de haberlo conocido en persona y seis días después de haber cruzado la primera palabra con él.
Mi pequeña Ardilla, han sido seis años hermosos. Con sus altas y sus bajas, con tus arranques y tu mal genio, con mi intolerancia y mis prepotencias, con todas las cosas buenas y malas, no existe nada más bello que tener tu cabecita en mi pecho y acariciarte en ese estado de paz que tenemos cuando estás entre mis brazos.
Como cada aniversario, en tu gaveta está, ya firmado, el contrato de amarnos, a partir de esta fecha, por un período igual al cumplido.
¡Te amo!
Oso, me alegro un montón por vuestros seis años (y por lo que os quedan). Aunque no conzca a Ardilla debe ser muy bueno para estar contigo ;) Pues eso, muchísimas felicidades.
ResponderEliminar¡Ruanitoooooo, gracias por las felicitaciones, nene! Pues mira, tenemos que hacer algo para resolver el problema de que no conozcas a Ardilla... algunas personas dicen que es un mito, otras, que es un ente virtual. Ni una cosa ni la otra, sólo es un chico reservado, jejeje. Alex sabe que existe, él lo ha visto :-D
ResponderEliminarA ver cuando nos sale un paseíto por Andalucía como el del año pasado, sería un honor y un gusto conocerte.
Un abrazo,
~ El Oso ~
Que historia más bella la tuya. Esto me hace sentir una esperanza ciega porque os he visto juntos, os he visto como os miráis y como compartir la vida sin que nada ni nadie interfiera entre vosotros. Diste un paso muy importante y a la vez muy, muy valiente.
ResponderEliminarOs deseo no solo seis años más, sino toda una vida llena de vivencias y alegrías, compartiendo vuestro amor y deseando poder ser testigo de él durante muchos, muchos años.
Me recuerda a algo esta historia, espero que un día se repita y sea tan feliz como la tuya.
Un besazo cielo y un gran abrazo
Hola Alex,
ResponderEliminarUn montón de gracias por los buenos deseos. Sabes que en esta casa se te aprecia mucho :) Estoy seguro que tu historia va a ser tan feliz como la nuestra.
Un abrazo,
~ El Oso ~
¡¡Feliz Aniversario!!
ResponderEliminarEs agradable ver historias que acaban bien, no solo en la ficción. Y cuando todo parece en contra...
Espero que esto dure al menos tanto como una vida.
besos.
muchos.
envueltos.
No sabes cómo me emociona q hayan sostenido el amor contra viento y marea... es bellísimo saber cuánto se quieren... Q bien... ya no hay vta atrás para la felicidad...
ResponderEliminarPara mí son una referencia inevitable... q preciosa historia...!
millones de abrazos y besos.... felicidad x siempre... sip... x siempre...!
Buaaa que lindo que lindo, me declaro un enamorado del amor ahahahah felicdades para los dos!
ResponderEliminarOso!!! felicidades a los dos. Fuistes muy muy, pero que muy valiente al estar con Ardilla cuando era un niño... yo no sé si hubiera podido xDD.
ResponderEliminarun besoa los dos!!
Tato: muchas gracias por las felicitaciones, nosotros también queremos hacer que dure al menos una vida (posiblemente la mía, que soy el más viejito, jejeje). No estoy de acuerdo contigo, Tato... esta historia no acabó bien, fundamentalmente porque no ha acabado.
ResponderEliminarManu: Tú eres un valiente y un muchachote que a tus escasos años y siendo todavía un adolescente ya has vivido media vida y parte de la otra mitad... ser una referencia para ti es un honor difícil.
Malacay: yo también estoy enamorado del amor. No hay nada más triste que un amor que se acaba.
¡Maxxitooooo! Sí, tienes razón, más que valiente fui un loco, pero no me arrepiento. ¿No hubieras podido? ¡Si eres un pekeeeeeee! ¡Claro que puedes! ¡Mientras él esté en edad legal, puedes!
Gracias a todos y un beso para cada uno :)
Feliz Aniversario!! Y que sean muuuuuuuuuuuuchos más!!jeje
ResponderEliminarUn beso!
¡Muchas gracias, Jon! En eso estamos: haciendo que sean muchos más :)
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